Josep Asensi
Tuvo a bien nacer el mismo año que el BigMac, lo cual no deja de ser una extraña paradoja dados sus gustos alimentarios. Ese mismo año murió El Ché, pero él aún no lo sabe y a mí me da pena decírselo. Desde pequeño quiso ser escritor, cirujano y Presidente de la República, y el primero en ganar simultáneamente los premios Nobel de Literatura, Medicina y Paz, pero por algún inexplicable capricho del destino no logró tan altos objetivos.
Fue el niño miope y debilucho al que pegaban en el colegio. Desastroso en los deportes, se refugió en la lectura y así le ha ido: gastó sus pagas en libros y escribió tonterías para sus compañeros de colegio, instituto y facultad. Tras ganar esos premios que gana todo el mundo (y que sólo algunos se atreven a citar como si tuviera algún mérito), decidió que era mejor probar suerte como galeno. Así fue como dejó sus novelas durmiendo en un cajón y trocó la Olivetti por el bisturí.
Tras algunos años ejerciendo su ministerio en la sanidad pública, una lesión de la mano derecha lo alejó de los quirófanos, por lo que volvió a coger la pluma (o el boli azul, que para el caso es lo mismo). La Olivetti ya no estaba operativa, así es que cedió a la tentación de la informática para pasar a limpio.
Como muestra de sus rarezas, se empeña en escribir a mano.
Por ahora intenta compatibilizar la escritura, la medicina, las tareas del hogar, la sabihondez repelente, la degustación de buena comida y la ingestión de cerveza, con aceptables resultados. Odia el fútbol.
Actualmente es residente de primer año de otra especialidad, ha publicado aburrida literatura científica y atrabiliarias “cartas al director”, y no tiene carnet de ningún partido. O sea, que los Nobel tendrán que esperar.
Layos.
De pequeño le dieron a leer unos librillos sobre mitología para que viera lo ridículos que eran los falsos dioses del paganismo; lograron todo lo contrario. Enamorado de la mitología, devoró cuanto cayó en sus manos. Lector obsesivo, conoció a Homero y ya no lo abandonó. Aficcionado a la Historia, se empapó con todo lo que estuvo a su alcance. Con el tiempo descubrió que había un lugar común en el que confluían la mitología, la épica y la Historia: la Edad del Bronce.
Apasionado con los héroes de antaño, y con mucho tiempo libre, se decidió a recrear la Grecia del segundo milenio antes de nuestra Era. Así nació Layos, una novela ambientada en la ciudad de Tebas mil años antes del nacimiento de Pericles, cuando los escudos eran de piel de buey y los yelmos se fabricaban con colmillos de jabalí.
Hasta pronto y buen provecho

